Manifiesto
por una diplomacia
de los materiales
Los objetos de nuestra vida cotidiana nunca se producen en un único lugar. Están hechos de metales, minerales, fibras vegetales, moléculas químicas y plásticos extraídos, transformadosy transportados por todo el mundo. Detrás de cada teléfono, automóvil, prenda de vestir o máquina se despliega una vasta geografía de minas, fábricas, laboratorios, puertos, territoriosy cuerpos.
La Materiología Profunda - deepmateriology.com - busca hacer visible esta geografía. Documenta las realidades técnicas, geopolíticas, sociales, culturales y medioambientales que hacen posibles nuestros objetos. Incluso un producto declarado «made in France» es, portanto, en un nivel más profundo, made in biosphere: su existencia moviliza suelos, aguas y atmósferas, atraviesa territorios y afecta tanto a los cuerpos humanos como a los de otrosseres vivos.
Proponemos crear una etiqueta que no se limite a identificar el origen de los materiales o a certificar mejores prácticas. Su objetivo sería también activar las relaciones ya contenidas en los objetos: crear formas de mediación entre todas aquellas personas y seres cuyas existencias están conectadas, a menudo sin saberlo, por un mismo material.
El cuarzo de un microprocesador, por ejemplo, pone en relación a los geólogos y trabajadoresque lo extraen en Carolina del Norte (Estados Unidos); a las comunidades cherokee, para las que posee una importancia cosmológica; a los habitantes cuyos empleos dependen de la mina; a las asociaciones que vigilan sus efectos sobre el agua, los paisajes y la biodiversidad; a los químicos que lo purifican en Alemania; a los productores de energía y de reactivosindustriales; a los fabricantes japoneses de lingotes y obleas de silicio; a los ingenierostaiwaneses que graban los chips; a los fabricantes europeos, estadounidenses y asiáticos de máquinas de litografía, hornos, bombas de vacío y robots; a los marineros, estibadores y profesionales de la logística que garantizan su circulación; a los biólogos que cuidan de las especies que viven cerca de los emplazamientos industriales; así como a reparadores, recicladores, artistas, practicantes espirituales y usuarios de objetos electrónicos.
Estas relaciones ya existen, pero permanecen fragmentadas, invisibles o desactivadas. La etiqueta Made in Biosphere tendría como función hacerlas perceptibles y crear espacios de diálogo entre la industria, los poderes públicos, los trabajadores, los investigadores, las comunidades locales, los pueblos indígenas, las asociaciones, los artistas y la ciudadanía.
Permitiría a quienes toman decisiones comprender que toda producción nacional se sustenta en un ensamblaje internacional de materiales, saberes, territorios y dependencias. Nuestrosobjetos poseen así un poder diplomático latente: pueden convertirse en soportes de nuevasformas de cooperación entre los lugares y los seres que ponen en relación.